QUIRÚRGICA DELECTACIÓN DE TU AMÍGDALA.

Publicado en Uncategorized el Septiembre 5, 2009 por amapolabilis

Eso. IT… El País de los sueños

TRAPEZOIDALES PENSAMIENTOS DEL SERAFÍN PARNASSUS.

Y TUS OJOS SE abrieron dejando un lado donde no caer.
Donde no arrojarse, donde verterse podría convertirte en ese líquido carmesí que se inflama de oxígeno hasta saciarse…

Que no está muerto lo que yace eternamente y, con el paso de los extraños evos, incluso la muerte puede morir…

Los ojos de Nyarlathotep son agujeros donde verterse y no más.

HUMOR SAJÓN.
Érase una vez una mujer que criaba bostezos de polluelos recién nacidos y los amamantaba hasta que eran libres de decidirse a sí mismos o no campar a sus anchas.

Había una vez una diferencia entre estar mal o ser bueno; y cuando lo segundo se contemplaba todo bañado en euforia atemperada y entre lo primero todo flotaba impregnado en vaciles, flemas titubeantes y andamios que suspendían…

Sus ojos eran agujeros negros ideados para convertir el agua en vino y viceversa.
Los ojos del abuelo que sentado en su losa silbaba una canción de amor al prójimo odiado, de animadversión contra la mujer callada que te lima el iceberg de tu libertad…

Hemos visto cosas que sí creeríais, ¡cómo no, so pánfilos!, atacar naves en llamas más acá aun de Orión el Destetado, rayos Z brillar en la obscuridad cerca de la Puerta de Loheegryn… Todos estos momentos instantáneos se perderán como las lágrimas en la ácida lluvia de tu llanto: ¡es hora, sin exactitud, de espicharla de nuevo insatisfecha!
¡Requiescamos!

DESDE EL HUMUS HASTA ESA ESTRELLA…
Lo que nos interesa en la confrontación de Sade y de Marat es el conflicto entre el individualismo llevado al máximo y la idea de la agitación política y social. También Sade estaba convencido de la necesidad de la Revolución y sus obras son, de cabo a rabo, un ataque contra la clase reinante y corrompida; sin embargo, retrocede ante las medidas de terror tomadas por los nuevos dirigentes y se encuentra, como el representante moderno del tercer partido, sentado entre dos sillas…

SADE:
La piedad, Marat,
es patrimonio de los privilegiados.
Cuando la piedad se inclina para dar limosna,
sólo siente desprecio;
y finge conmoverse para exaltar de ese modo su riqueza;
y la limosna, para el mendigo,
no es más que una patada en el trasero…

SADE:
Ahora yo veo
donde conduce
esta Revolución
(…)
Conduce a la muerte del individuo,
a una lenta extenuación en la uniformidad,
a una agonía del juicio,
al cruel reniego de uno mismo,
a una fatal sujeción al Estado,
cuya esfera, infinitamente lejana, invulnerable,
planea muy por encima de cada uno de nosotros.

DE LA FLEXIÓN A LA REFLEXIÓN.
La ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe tanto a ricos como a pobres dormir bajo los puentes…
¡Y hasta el viento tiene miedo!
¡HOMO HOMINI SACRA RES!

La mayor alopécica perogrullada que un ebrio Perogrullo en horas bajas pudo maquinar.
¡Es una cruel e insidiosa tautología gris marengo de confines borrosos que se reconstruye al diluirla en estrés!

LA INSATISFACCIÓN DE ANDREA SE ASEMEJA A UN BOSTEZO DE HIPOPÓTAMO.

However much i push it down
it’s never enough
however much i push it around
it’s never enough
however much i make it out
it’s never enough
never enough
however much i do

however big i ever feel
it’s never enough
whatever i do to make it real
it’s never enough
in any way i try to speak
it’s never enough
never enough
however much i try to speak
it’s never enough

however much i’m falling down
it’s never enough
however much i’m falling out
it’s never enough
whatever smile i smile the most
it’s never enough
never enough
however i smile
i smile the most

so let me hold it up
just one more go
holding it up for just once more
one more time to fill it up
one more time to kill
but whatever i do
it’s never enough
it’s never enough

it’s never enough

¿QUÉ ES UN NEGATRÓN?

Es una mezcla sin remover de espanto y desbarajuste: un equilibrio tan harto de sostenerse ante Nada que optó por caerse dentro del balanceo perpetuo.

Amor, Amor es un negatrón de ojos salidos como los de un batracio a punto de huir otra vez de algo…

Y la vida es un negatrón de mirada incisiva que corta como corta la cuajada el menesteroso insatisfecho, la liada o el manipulador…

¿Qué os separa de la locura? Un límite ambiguo sembrado de tedio cabreado por la vida.
Laxitud del corazón y la forzada actividad del hígado…
Siempre tramando cómo sobrevivir; activar; decidir…
Asclepio curando a Smith su lepra intelectual, ese amor que tanto siente y presiente y padece y enloquece. Mas no cura nada porque nada es la única enfermedad incurable que la existencia padece al anochecer, tras tupirse de salsas, berenjenas rellenas de humus vegetal en descomposición, de odio, de fibras…
Del sueño mejor obviar cualquier conato de diálogo.
¡Ex nihilo nihil fit!

¡TOTE HOSE!
Knights of Labour…

LA ANIMADVERSIÓN Y LA IRA.
Ahora mismo, Jacinto Scelsi, estoy sufriendo una suerte de presión tensada que me agarra la mano derecha y me la densifica un tanto impreciso…

Me tienes engatusado por culpa del amor: son tus generaciones de óvulos de una calidad sospechosa, el opiáceo gineceo de tu mirada cuando inflama a la mía como siempre deambulada por orígenes inciertos, el efluvio fucsia de tu delicuescente modo de retozar sin ropa a la luz de mis salmódicas palabras…

Sé que no me amas como aman las diosas a los Dioses y, a pesar de ello, no puedo dejar de persignarme cada vez que te imagino vestida, libre o satisfecha.
Sé, también, que todo proviene del ápice inconquistable del cerebro que me piensa a duras penas.
Y cuando tú te alejes de la zurda de otro u otra, lloraré porque de nuevo no sabré con quien seguir jugando camino de la Eternidad.

La actividad paranoica-crítica le permite al mundo delirante pasar al plano de la realidad…

CÓMO TENERTE O POSEERTE.
Fisiones de núcleos hartos de ocupar cogollos de nadas abiertas por la hurgadora curiosidad de la Humanidad.

Las mujeres no aman a los hombres; aman el Futuro.

Es con curiosidad difícil vivir sin que se te ocurra nada. Hay Ontos que viven sin que les ocurra nada y sufren de lo lindo; pero a mí ésos me interesan un bledo, un apio y un pimiento.

Saca tu lengua de mi boca. De esta cabeza extrae tus ideales de Amorníaco y cadaverina. De las tripas llévate estos nervios peliagudos que atraviesan la viscosa pluviosidad de tanto meandro… ¡Deja de amarme y retrocede: alma en pena retorcida ante la inversión de mis dudas, ante la incapacidad de padecer contigo que me conmueve, manipula y alimenta!

LA DIVINA INDIFERENCIA.
Se vio amenazada por el redondo despliegue de tus encantos…
Me inquiero y suelto: ¿por qué no surge la música de la persona del mismo modo que le llega?
Sin tener que saltar por encima de una cerca espinosa de sonidos…
Pechos, un tórax, intestinos de gatas a medio celo, alambre, madera y metal…, por encima de todo ello…
¡Es acaso culpa del compositor que el ser humano sólo tenga diez dedos!
Seguramente tampoco…
¡Carne in Vitro!

ROJO Y ROJO Y ROJO.
NOS pasamos la vida revoloteando como índices marcando rumbos inciertos…
Y nos transcurrimos la muerte dejando de meditar acerca del futuro, sus rumbos, sus incertidumbres apasionantes, el arte de fugarse tras de nada, Nadas o La Nada…

Me pudo lo patético y, vencida la Ética, en mi vida todo gime, solloza, se enerva o se vierte tras la injusta victoria de sentimientos que como raíces de sepia malherida se retuercen contra algo y en pos de nada…

APUNTES SOBRE DISTINTOS ASPECTOS DE UN CUENTO DE SUSPENSE.

Yo, Patricia, no soy multitud, ni me arrastro como ese monstruo ciego que dices ver colarse por las bocas del Metro día tras día, noche sí y noche tampoco, según llovizne o se agrave la polución de ondas electromagnéticas que inflaman la atmósfera y nos hinchan de displacer los corazones.

Primer rasgo cadavérico-oligofrénico del paciente observado de cerca y de lejos: odia las Multitudes; sufre rodeado de alientos que se enrarecen al evaporarse mecidos por la brisa; intuye, ansioso siempre, que esas cabezas privilegiadas viven por vivir existencias mucho más plenas que las suyas…

Impulsos incontrolables que fluyen como salmones cabreados por tener que remontar por enésima vez el río: ¿tras de qué?

“Una voluta del humo del cigarro del otro hombre se enroscó en las fosas nasales de Horacio, familiar y nauseabunda.”

SER MATERIALISTA Y TENER EL CORAZÓN REPLETO DE RESPETO.

El mejor lugar de la Tierra para fingirse vacío es dentro de una mujer, tenga ésta corazón, no lo posea o actúe.

EL BAILE DE FORT APACHE.

El Absurdo vertido sobre tus ojos engendra monstruos diminutos pero terribles.

No entiendo de Cine. Tampoco de literatura. La poesía me aburre porque no comprendo en qué sitio se halla a sí misma. No entiendo de arte, ni sé de arquitectura monumental. Tan sólo logro saber algo de comportamiento, de Conducta, de Egos, de intereses, impulsos, de lo verdadero, de la esencia pegajosa que une cada lámina de mundo a otra lámina de cualquier otro mundo con absoluta precisión…

Así como has tenido la deferencia de escuchar mis consejos, supongo que tendrás el acierto de ignorarlos. La felicidad es un lapsus del dolor. No conozco una sola mujer cuya exquisita elegancia no sea la consecuencia de que le lastima el calzado al andar. Es curioso: Necesitan tu dinero para costearse las privaciones que les impone su belleza, ese maravilloso y jodido desperfecto. No hay nada de malo en que te cobren por amarte gratis. Ten en cuenta que a veces el amor sólo es una mezcla de flores, pasteles y sangre…
Nos encantaría contar contigo, te dicen. Nos hace mucha ilusión que vengas. Sería para nosotros un honor poder contar con usted, los más ceremoniosos. En fin, que te invitan a participar en una mesa cuadrada o a dar una conferencia en un curso, en un cursi cursillo, en un curso de una universidad de verano, en un encuentro, en unas jornadas, en un congreso. Se lamentan por no poder pagar más, siempre se disculpan por no poder pagar más, y a veces pagan realmente poco y otras veces pagan muy generosamente, un chollo, vamos, vas una horita, cuentas tu rollo y ¡zas!, un cheque por tropecientos dólares, y piensas que la vida es bella, que tantos esfuerzos tienen de vez en cuando estas pequeñas compensaciones…
NIN Su vocalista mentalmente cuerdo.

Debemos leer AMAPOLÁBILIS cuando nos encontremos en un mal momento, cuando hayamos apurado hasta las heces nuestra capacidad de sufrimiento y sintamos que la vida es una herida infinita, abierta y abrasadora, cuando respiremos el aire de la desesperación y hayamos muerto mil muertes de desesperanza. Entonces, cuando solos y desamparados miremos la vida desde el dolor y ya no la comprendamos en toda su salvaje crueldad, cuando ya no esperemos nada, entonces estaremos preparados para oír la música de este poemario terrible y maravilloso…
No hay nada al final del túnel. Nada, tras lo que se presagia como inicio de lo intunelado…
Te estás volviendo majaroide perdido: atiendes a los usos y costumbres del telediario, ves caer los hechos sobre el mantel repleto de desperdicios de la nada, sujeto por dos pinceladas abstractas de Azar contra el improperio fatal del sinsentido… ¡Mapa carente de la orografía necesaria para postergar el vuelo desobediente de la conciencia!
Y la única meta que cortar a tijeretazos es la cinta azul turquesa de tu pelo para que al felationármela no pueda verte, ¡ni yo! la mirada perdida y el tú rajado en diez volubles mandamientos…
Deje de mirarme las Tetas, señor.Don Maribelo, ¡Big Bart!, era el tío más salvaje del Oeste. Tenía la pistola más veloz del

AMAPOLÁBILIS SITIADA POR BURGUESES DE TORVA MIRADA Y CORAZÓN APASIONADO POR TODO.

AL PAIRO. T DE FELICIDAD
Al igual que la parásita de una Naturaleza profusa y confundida extrae varias lecciones, del fondo algo mojado de tus ojos saco dedales de melancolía.
A los celos nos los comemos con mondas papas recién hervidas en lágrimas algo enrojecidas.
Como se beben los lucios las aguas malparidas de las charcas.
O el acompañado amante liba en la sesera complaciente de la descreída…
Y a las alas del desprecio las humedecemos en fuel y prendemos para el vuelo rasante las puntas y lo vemos dirigirse en busca de ayuda a llamar en puertas de Consistorios, Clínicas, Ministerios, Escuelas y Museos.

A la postre, rondas dentro de esta cabeza dueña de no sé qué Pesanervios que me atormenta, como vorágine de engaños, igual que la espiral traza su órbita sin sentido para que la emoción prosiga desangrando libre al candidato inofensivo, a la ama, al esclavo.
Y por fuera la recorres como una aureola de demonio insatisfecho incapaz de escapar del solipsismo atroz de su condena.

A trechos la felicidad asomando su hociquito de abeja ansiosa ante mis ojos.
Nadie desea hacerla caso pero yo admiro el runrún divino de sus fauces engañosas, la bífida viscosidad de su lengua, el homenaje lascivo de su invitación al perpetuo olvido.

¿ASÍ ES COMO SUEÑAS VIVIR?
Cómo, dónde…
Bajo los pliegues manchados del asfalto, donde sobreviven ya penas, insectos y desmadres.
O a la luz de una vela mal apagada que prendió nuestros sueños: el tuyo soñándome puro, el mío estrujándote impura.
Eres fuerza bruta a pesar de los pocos kilos que soporta tu osamenta, a pesar de la vida, a pesar de mi orgullo…

EL ANIMAL EN VILO.
Agachas la cabeza para beber y soportas el peso imponderable de la ansiedad clavándote el pico en la frente. Terrible modo de sobrevivir.

Del territorio de la muerte no huyas, ante él debes postrarte como si algo te obligase a huir volando en pos de nada, nadas, la Nada…

Pregunto a mi amiga qué tal hoy; dice que los nervios le poseen el estómago como a un adolescente el arrebato de dejarse llevar por los suyos tras algún perfume desgajado del instinto a flor de piel…

Te amo porque me proporcionas encuentros en la segunda fase.
Me encuentro pávido a mí mismo frente al espejo.
Me hallo acompañado cuando bebo agua junto a otros, cuando como carne de otras…
Te amo porque dentro de esta cabeza se serenan los pensamientos como azotados por delicados susurros que a tu mirada sólo obedecen, cuando no espías, cuando me piensas, cuando te ausentas entre las redes ajenas cual onda de luz que en espiral desease evadirse de todo.

El lenguaje no sirve. Nunca ha servido sino para expresarnos. ¿Quién nos manda?

¿POR QUÉ PIENSA MI NOVIA SOTTO VOCE?
La mente de mi novia es compleja, señor presbítero. Anuncia lluvia cuando llueve y dice verdades como puños a medio cerrar.
La mente de mi novia es compleja porque nunca piensa en alto, ni aun cuando sueña con el día en que se acabe de las fuentes el néctar, de la vida la esencia, del desquite el buen sabor de boca.
La mente de mi novia es como un baúl vacío donde sólo cabe la lamentable huella que deja sobre la arena el roce de una onda expansiva causada por la séptima eclosión de una nueva y vil reconciliación.
La mente de mi novia es curva al principio y servicial en espiral en su mediodía y recta como un oblicuo rayo de luna al incinerarse el Sol.
La mente de la novia mía que no tiene mente es tan invisible como el sufrimiento de una flema cuando recibe el incipiente pisotón de la mañana.
La mente de la novia ejemplar que no tiene mente nunca se queja porque dice que el orbe ya supura por sí solo…
La mente de mi novia habla en alto cuando tratamos temas transcendentales como puedan ser la venta, especulación o raciocinio de ovulaciones, regodeos o fatigas, pero calla, a la inversa, cuando merodeamos, cual halladas almas en pena, viento a través, estepa en diagonal o cielo en popa a toda vela…
Dice :“Vejez es cuando a un hombre
arrimado al fuego de la chimenea
temblando a causa de las brujas
para poner el cazo sobre el lecho
y traerle su ponche
viene ella en las cenizas
quien amada no pudo ser vencida
o vencida no amada
o alguna otra aflicción
viene con las cenizas
como en esa luz vieja
el rostro en las cenizas
aquella vieja luz de las estrellas
en la tierra otra vez.
corazón, qué oquedad,
y dentro cuánta suciedad
dormir hasta la muerte
nos cura siempre
ven a aliviar
esta vida este mal
¿La esperanza?, un bribón, el más grande embustero,
hasta que la perdí, no supe de la felicidad.
Copiaré del infierno en la puerta del cielo:
dejad toda esperanza los que entráis.
Pide al todo-lo-cura, al todo-lo-consuela pensamiento
solaz y salvación para el dolor que os donó con esfuerzo”
¡DIJE, TATE!

Debajo de las cosas es el primer sitio donde no hay que mirar. Catalina miró, cuando la carne aún no pensaba en reproducirse, y mira aún, bajo una pizarra, y observó cómo el escorpión se arqueaba sobre la hembra, emponzoñados…

La caricatura del orbe es corva, irreal e impronunciable. Como una Belleza loca de contento que hubiese decidido vengarse de la fea condición de ser hermosa sacándose el brillo de los ojos y la temperatura de los músculos.

El mundo no es redondo ni cuadrado. El mundo no es. Cómica observación de una sesera tan preocupada por todo como el agua de cambiar de forma incesantemente.

Catalina trabaja divirtiéndose en un espacio abierto cuyo techo recorren conductos, bifurcaciones y ecos de irreverencias que quedaron desperdigados por el aire.
Ni contempla estrellas fugaces cuando surcan el cielo… Sí pide deseos: deseos de venganza, de arrebato, de conmiseración. Desprecia la codicia de los insectos, ¡ciega!; ama, en cambio, la de los Hombres, ¡tan indómita y fiera!

Estoy sentado frente al televisor y veo cómo hierve al fuego la lamentación sin mugido de una vaca.
Me levanto despacio porque los huesos debido al frío y la humedad responden con la parsimonia del galápago tostándose contra la piedra, y lleno un vaso de agua del grifo.
No soy capaz de beber. Algo en mi fuero interno me dice que el agua sabe a rayos hechos trizas y que es más saludable que se la arroje a los peces de colores.
Suena el teléfono y al otro lado susurra la reina de la noche su letanía de adoración, vileza y encanto.
No sé que hacer de nuevo. ¡Salgo en busca de ropa que ponerme, limo mis huesos, compro otro electrodoméstico, aguzo la glándula pineal con la llama de un mechero, alterno con ella y dejo que al final me toque la Grandeza o expelo otra vez contra el viento y lo disuelvo todo!
¡La intranquilidad de estos riñones tan sumisos!

MICRORRELATO CON PAPAS MORDISQUEADAS.
La mujer a la que amé se ha metamorfoseado. Ya es el espectro bailando una giga entre espejos deformantes que de su silueta invisible extraen aquella iridiscencia deletérea, amorfa, deslumbrante capaz de resucitar a los vivos.
Nunca se cae cuando danza deprisa ni la lentitud la hace parecer perdida…
La mujer a la que amo fue un fantasma a quien ya no deseo salvo en sueños.

Concebía su propia existencia como un drama, pero no un drama trágico sino como una comedia o una ópera bufa, a causa de la repugnancia que sentía por los presuntuosos y los pedantes. Es en esta capacidad de relativizar donde se reía de sus propias debilidades, incluso en sus horas más negras; y, sobre todo, sus propias convicciones, su propia persona, es donde se encuentra la clave de su vida y de sus obras posteriores: esta actitud le venía directamente de Marcconi y de la civilización veneciana, incluso si sus raíces se encuentran en autores como Horacio o Ariosto…

CANTEREL.
Es un protagonista sobrio de una confabulación ebria. Se casó y triunfó. Se separó y se desesperó de tanto esperanzarse contando con que la nadería de su abandono diese frutos como nenúfares preñados de esperma de demonio…
Demonio en celo…¡¡¡ The night of the dêbil…¡¡¡

Durante el siglo XX se inventó la fórmula para que el timbre de un instrumento como la voz de pito sonara a melodía de seducción.
Desde entonces se liga mucho más que antes.
Ahora el macho se acerca a la hembra disfrazado de lógica femenina y ella se adelanta al hoyo de la trampa entonando estribillos graves como ronquidos de experto en cansancio, rutina y desamor.
¡Espero que no les siga creciendo tanto…!

El padre al hijo que no se fíe de sus emociones.
El hijo al padre y entonces de qué archipámpanos me fío.
La madre se acicala delante del espejo del dormitorio amando hasta la extenuación con hijos, padres, a espíritus maléficos y grávidas apariciones que anuncian buenas nuevas…
El hijo al padre: un beso papá, me largo ya.
El padre al hijo: debajo de la piel, como en nosotros, también se retuerce la inefable silueta de una bestia jamás saciada de poder.
¿Siempre en vilo? Para Mal o para Bien, nunca satisfecha, aburrida, cansada de respirar, huidiza ante el arrastre viscoso de la Muerte, rapaz, canina como el hambre de los desheredados, de los buches vacíos, de las preguntas incapaces de reformularse con la intención de despejar su incógnita…

MONÓLOGO, CANON Y DECÁLOGO PROLÓGICOS.

Hebras de Bacon sin colar; versos de Tralk adjetivados por mí cuando esta osamenta se arroja contra la carne porfiando huir; películas del mago del suspense tal cual (no se supera todo viéndolas, sino la amorfa sensación de la Nada, aun el hecho irrepetible de la cesación definitiva, del auge siniestro que acecha, de la densa obstinación que nos reduce a cenizas); carámbanos de ansiedad recién contraída; superación de uno mismo escuchando vertidos adagios de Mahler al atardecer, mientras desciende el humor de los seres y aumenta la capacidad de soñar en blanco y negro cualquier lacrada pesadilla, ensueño, espectral fragilidad o meros destellos que se cuelan por el rabillo del ojo; la fábula de los niños atrapados en el bosque de la bruja malvada repitiéndose como un cíclica espiral de virus que se entrelazan para participar en alguna conquista…; Sexos, Nexos y Léxico; narices de Giacometti; luz, pero tamizada por la nube de la serenidad, retorcida, hueca, distante…; sueño, mucho sueño; vaca a la brasa; azúcar de pera limonera y primaveras consagradas gracias a ritos practicados por meretrices idas atravesando alambres embadurnados…

Porque muchas veces me he preguntado qué estoy haciendo sin matar. Me ha entrado el miedo que el corazón experimenta cuando lo drenan. He imaginado que me enamoré y cogí desprevenido al desvío equivocado (ocios, protonegocios y órdenes mafiosos de blsfshubÚ)=. Me equivoqué a los trece años cuando decidí escoger logarítmicas letras en lugar de ciencias auscultadas por artistas del hambre, del trapecio y la melancolía propia de niños (quizá ahora podría ser médico sepulturera, y aprender a desenterrar patologías aún no descubiertas por el frenesí del microscopio como el asco, la disección de ahuyentados o la fiel disentería de los ambiciosos), como mis padres, y no mirar la cuenta por si me he quedado en números rojos. Me equivoqué a los veintidós cuando rechacé un trabajo en una agencia de prensa rosa para coger una beca (de 150 euros mensuales) en el gabinete de comunicación de una escuela de cine. Me equivoqué cuando decidí olvidar mi carrera y hacer una tesis sobre una cosa de la que no tenía ni ideA (“la frondosa tergiversación de la carne abierta en canal cuando obedece”). No han faltado “amigos” empeñados en recordarme que nunca sabré lo que ellos. Siempre habrá un teórico del cine a quien no conozca, un rajá obnubilado, una deliberación de miradas poseídas…
¡Aúpa Evans soportando la vida a duras penas! ¡Waltz for Debby!

LA CURVATURA DE TUS LOMOS.

Publicado en Uncategorized el Septiembre 3, 2009 por amapolabilis

Shit, Piss, Fuck, Cunt, Cocksucker, Motherfucker, and Tits. Those are the heavy seven. Those are the ones that’ll infect your soul, curve your spine and keep the country from winning the war.

¡PRODIGIOSO FENÓMEMO NORMAL!

Hablemos de música. De música de esferas, de esferas que se retuercen imbuidas de ejes carcomidos por la desesperanza de no poseerse…
Hablemos de incomunicación, de fatiga, de llanto, de paz oculta tras letanías matemáticas que describen precisas el zigzag de víboras dispuestas a vender su alma sicalíptico al tendero de la esquina at 66666666666666666666666666666666 666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666…

Ya sabemos quién eres. Tú deseando poner los huevos dentro de mí y éste sin saber aún qué sitio en el mundo puede ser más propicio para vaciarse y gritar de placer al mismo tiempo…
Si eso te queda transparente, no habrá jamás problemas que se interpongan como jabatos en fila atravesando una carretera secundaria después de medianoche…
No mancharemos de sangre, otra vez por accidente, nuestras emociones, el suelo de la cocina, el techo del dormitorio donde descansa el ectoplasma que nunca nacerá de otro hijo, otro señuelo…
Si a mí me quedó ya tan claro fue porque desde niño recé por ingobernarme en pos de nada, por amarlo todo: desde el rugido del león satisfecho hasta el salmo que al cielo se dirige para merecerse una respuesta Indigna, o Pura…
¡FIAT LUX DIFUSA!
¡JUDITH MARÍA!
¡PASSIOM OMNIA VINCIT!

La Historia nombra al siguiente. ¡Pase usted y conciba! Desde ese plan que se tumba sobre una fosa aún no excavada hasta el misterio no despejado de la concepción.
¡Vean, ausculten, oculten y propaguen tautologías imprecisas como yerros de infantes difuntos!

La diferencia entre decir algo y callar estriba allí donde el pie no alcanza a pisar suelo.
¡Suelta lastre y difumínate fijo en la aureola pecaminosa de cualquier Sol!

Hemos decidido colgarnos por los pies y dejar de pensar en ello. ¡Tate!
Mantuvimos bajo el imperio de estas suelas sucias a toda una Nación digna e influyente, y eso se paga a la postre o no.
Creo que desde que cuelgo ya no tengo nombre ni voz, ni siquiera patria condenable o redentora.
Estamos abandonados como esfinges previsibles, faltas de credibilidad…
Fuiste pastor de cabrones sin destetar en las llanuras húngaras del este; profesor en paro de causas perdidas en la palma de aquel piel roja embriagado; tumbado contra el suelo repartías duros a cuatro pesetas y mentías cual cerdo exigiendo indulgencia plenaria…
¡Absolución para todos menos para mi paraíso terrenal!

Cuando el amor desea salir por la ventana la pobreza debe cebarse contigo y contra ti, en la parte pulposa de tu carne hallar refugio y digestión, en tus antepasados, en tus reconciliaciones, en tus decisiones y en tus huesos.

SADISMO POR OMISIÓN.
¡Lo amo pero lo desprecio!
Ellos pusieron los huevos y desde la cáscara hasta el firmamento vuelan avispas castradas dibujando aire a través la dirección macabra, agónica y sin sentido de la espiral…

Todos conocen las reglas del juego pero alguien quiso participar de rondón y se cortó el dedo meñique…
¡Entrometido!

Nadie sabe por qué juegan las nubes a lloverse como si fuesen niñas a punto de hallarlo…
Lo hacen porque sí , como casi todo en esta vida, salvo el sudor que te cae de la sien diestra cuando te tortura el azote grueso de la emoción a flor de piel. ¡Ansiedades!
Él no entiende de metáforas, dudas, pánicos o meras contradicciones….

Este don Briones Luciérnagas le gustan las sorpresas lo que a la Una en celo que la desconciban súbitamente¡¡¡
¡Se asemejan en lo negro de sus torvas miradas atentas a Qué!

CANCIÓN DE CUNA.

Publicado en Uncategorized el Agosto 26, 2009 por amapolabilis

LA TRANQUILIDAD EBRIA DEL SUPERVIVIENTE.

Vuelvo a regresar a ese punto obvio donde todo se deshace.
Hembras intranquilas que se desenroscan las pezuñas para poder, dicen, dormir a pierna suelta.
Miradas críticas que no provocan sino que desmaterializan lo espectral…
Tú te deslizas como una anguila debajo del periné que no te vio nacer pero aspira a atraparte y censurarte y reconvertirte en una suerte de esposa chupa sangres dotada para la extrema cualidad de olvidarlo todo.
Puedo reflejarme en tus ojos, aunque desde hace tiempo la promesa del amor sempiterno hiede a desgana, tedio filtrado, humo de pajas.
¡Ley de Vida! Nacimos para saciarnos como se hartan los muertos de arrepentirse de todo aquello que durante el existir dejaron convencidos de la aproximación esperanzada del Mañana.
Vuelo bajo y no veo nada.
Tú en cambio disfrutas torturando y torturándote, atada a mí o a cualquier otro potro, comiendo poco y soñando mucho, espiando a los espejos como si en ellos tratases de hallar la salida que sólo el deseo desbocado enseña a sus adoradores.
¡Ya sí te quiero!
¡Aun poseyéndolo más caliente que las puertas del infierno!

LA MOSCA EIGE.

Publicado en Uncategorized el Mayo 15, 2009 por amapolabilis

LA SENSUALIDAD DE LA HERIDA.
En ausencia de un tema que te corroa íntimamente, se cae inevitablemente en la decoración…
Pollos sin cabeza que son incapaces de reinventarse, formas cónicas de espiral insegura que caen contra el denso desafío de tu respiración, ánimas en pena que dicen sí a todo, verdades como puños dictadas por supinas ignorancias dadas al sadismo y la oligofrenia, claves que abren puertas sin cerrar, vetas de magro mal condimentado, iras de días que fueron noches, maldades, flemas de doncellas que aman ducharse en cascadas de simiente y melancolía, misas de difuntos que distorsionan al cantarse el eco de la muerte, pasos en la niebla de un psicópata daltónico que embelesa al mirar el reojo de la víctima, protegidas que jamás saciaron el patológico apetito de sus protectores, cuentos de amor que terminan evaporándose tras el símil invisible de la nada, ombligos donde sembrar, si se tercia, el epitafio con que la materia pontifica las propiedades curativas del dolor, la enfermedad, el miedo, la alegría sacando provecho del chorro de sangre que emerge caliente de la secreta mirada de tu glándula….



Olvidé mi nombre dentro de algún agujero por cuya salida sólo se vierte savia de helecho, rabia de herido y orden invertido.
GIYA KANCHELI…
Fue un niño prodigio que cazaba moscas a cañonazos, vestía objetos lisos con ásperas pieles de cocodrilo y dormía bocabajo.
No se ahogaba en un vaso de agua ni de un grano de arena hacía una fortaleza donde reinar, al contrario, a él los logros acudían como polillas de patitas chamuscadas regresan en LUZ.
Solía refugiarse en el Tripalium, pasando tantas horas escarbando entre sus papeles que ya le habían concedido veinte premios de afán teledirigido, motivación y esperanza.
Algún día dejaría de ser el prodigio encarnado en un niño y abandonaría la grata tarea del vivir para derramarse como un chorro de veneno inútil contra el severo dominio de la muerte.
O acaso hallará una niña menoscabada por la ingratitud de la Razón para llevarla de la mano a esas habitaciones donde la burguesía no accede por agobio, miedo o desacato.
Las salas del placer que bajo la moqueta esconden un suelo carmesí, depredador de opiniones sin alas que valen lo mismo que un soplido de bebé al mosquearse…
Los hexágonos del placer, donde este cura y su concubina matan y violentan súcubos, destripan íncubus y acarician crucifijos incapaces de invertirse ni a tiros… ( aunque la fuerza de la gravedad sea gobernada de forma oligofrénica por el mismísimo Odio).
Las madrigueras del gozo: allí se cuentan los prodigios por decenas, y los niños se comportan como aspirantes a ancianos, las ciegas se ofuscan al no poder saciarse de penumbra durante el inmenso y fugaz instante que no dura cualquier Eternidad…
¡FIAT LUX flavum!

PLIEGUE CEÑIDOHalló su iridiscencia en la tapa de un cubo
de vertidos polutos, purulentos y piciados
que el rey arrojó sobre la reina cuando está
croó para exigir tres deseos…

SIMIENTE Y ENIGMA.

VIDAS Y DESVIDAS.

Publicado en Uncategorized el Mayo 8, 2009 por amapolabilis



AFORISMOSÁNDONOS CON MUÑONES COMO TENTÁCULOS.
Se siente como pez en el agua entre la sangre a punto de llorarse crúor y las muertes repentinas…, entre el caldo de col y la mugre de reina secuestrada en vacíos…
Es mejor embozarse la boca con esparto rociado de vil gasóleo y ser estulto y gore y medio estólido que hablar por los codos y despejar, aun bien explicado el sinfín de argumentos cojitrancos, las dudas definitiva y cruelmente…
Los excesos de símiles porque sí son productos de sujetos tontos porque NO.
¡Hay muchas cosas en la vida holgada del día a día que dicen los pobres ser mejores que el dinero chorreando a destajo tras y delante de uno y una! ¡Pero cuestan tanto y tan calvo y tan ex profeso y tan ética, pelética y pelimpimplética Que…!
Epitafios célebres:
Carlos Menorx,
“Caminante y tu sombra, será mejor que sigas tu camino sin detenerte, pues aquí apesta.”
Groucho Marx,
“Perdonen si no me levanto aunque reclamen la ingrata ayuda del necesitado.”
Richard Charles,
“Debajo del árbol se arrojó sobre mi coronilla y frené su vuelo para exorcizar posibles leyes de gravitación universal y demás zarandajas de andar por casa.”
Abh.. Licor,
“Conseguida la Libertad Universal, soportemos el libertinaje de la mediata e inmediata Nada.”
MeterLink,
“Adagio para cuerdas de Samuel mientras se degluten gominolas de mates colores; ocho de la tarde; primavera; a las puertas del teatro una Casandra castrada tañe el violín bajo una tesela de cielo monopolio de un zeppelín a punto de ser saboteado…”
Un Cronopio,
“Toda la muerte trabajando para esto: ¡que regrese otra vez la Vida! ¿Eterno retorno cómo?”
Devid Cronos,
“Pero Dios le dijo:” ¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?
Cordelia,
“Kierrrkegard, no supiste dejarme en paz ni debajo del agua; eres denso como el buen aceite virgen, pero de mujeres captas lo mismo que una barrera electromagnética la onda en fuga que aspira a evadirse de Qué.”
Alexander de Great-Santullano,
“De joven conquisté el mundo; maduré y colonicé la psique femenina; ahora, doblegado por el inexorable pesado paso y avance de años, elucubraciones y suertes mal echadas transcurro por debajo lo que no supe trazar por encima.”
El Ego del hortelano,
“¿De dónde procede ese resplandor que huele a brillo bien emitido? El pensamiento no deja de ser la perturbación más ociosa y visible de la enajenada sobreactuación neuronal humana.”
¡Fiat oficium tenebrorum!
¡Fiat Lux aeterna!
¿QUIÉN?
Quien es quien en este juego de la estulticia envasada al vacío.
Tú eres un encanto sobre el qué, a quien no violentó ningún hechizo.
Yo soy la clave que las puertas abre donde se cuece el embuste, la miseria y hasta el desdén del poseído.
Haces humor blanco y magia de la enmohecida por el valor efímero de lo obscuro.
Algún día un arrebato sin absurdo te arrancará de la tierra y te arrastrará hasta la enfermedad de otro nido.
Quién puede ser quién en este sortilegio hecho a medias mientras se invoca el Sentido.

DAYDEDRICUS ALBERT.

BAJO LA BÓVEDA DEL INFIERNO VEO ORIGINARSE OVEJAS QUE NO CONTÉ.

Publicado en Uncategorized el Mayo 3, 2009 por amapolabilis

TRÁGALA Y MASCA.

Publicado en Uncategorized el Mayo 3, 2009 por amapolabilis

HÁZME UNA PERDIDA.

Publicado en Uncategorized el Mayo 2, 2009 por amapolabilis


HAZME UNA PÉRDIDA.
Y di sí a todo. Cambie o no la innovación del viento al detenerse o el marchamo que sobre el lomo lleva grabado el purasangre…
Tú, Katty, hazme una pérdida tarde o temprano, o cuando se te ocurra, que deseo llorar de nuevo cerca del hálito deletéreo que tu respiración de torturada deja cuando te despides.
Quiero pasarme de torpe contigo, enfrentarme al peligro menudo de tu desdicha segregando la lindeza cruel del desencanto: te amo, no te amo, te anhelo o no te anhelo, te exasperas o no…
La última noche conseguiste que el día penetrara en cada amago de sueño. Te vas volviendo cada vez más normal, siempre al acecho, buscando huellas que dirijan al porvenir, barruntando tras cada acechanza el triunfo inesperado de la suerte.
DIFERENCIAS SIN TUÉTANO ENTRE LA NOCHE Y EL DÍA.
Hay dos, a saber:
Cuando se echa una sobre el césped rasurado de la muerte viene la vida a liarla con su eterno tejemaneje de esperanzas, ilusiones lúdicas y viceversas de andar por casa.
Y cuando uno desea la otra peca cocinando papillas para bestias o purés de vocablos mal dictados…

“I was a late starter in everything. I think I was kind of delayed.” Francis Bacon

DEBUG DE UN DÉJÀ VU QUE DE PRONTO GO OFF…
El verdadero encanto de tus semejantes estriba en el lado por el que tienden a perder los estribos.
Es el lado por donde mucho que lo busques no encuentras situado al prójimo: su desorientación es a veces cautivadora.
Ya no saben dónde están, y de la Sintaxis hacen una trenza aquí, un bucle allá, un dominio descarriado que se bifurca acullá…
Deciden no aspirar a nada durante instantes y contemplan tu desliz barrera abajo como una invitación a caer gozosamente tras de Qué…

AMAPOLÁBILIS.
Receta de enamorados desenamorados:

LOVE.
De cerca llega el croar de un escuerzo que ya destripan por no obedecer la penúltima orden reivindicada por el Poder.
De lejos, quinta nota gris, estertores del día que se fatiga otra vez: todo dio la vuelta alrededor de su eje y cansándose, de nuevo, retornó a algún sitio donde aún permitan soñar.
Y en tus entrañas suplica un niño para que no lo derramen vericuetos del Mundo abajo…
¡No escucha ni Dios, sagrado y sordo, su latido!
La noche comienza a oler…
El alba se interroga acerca del compás asignado cuando converja el mañana.
Deseo Ser; ¡y tan sólo abrevo y abrevo y abrevo y…!

FRACTALIDAD CON MOROSIDAD.
Ya siempre lo recalcas, como te enseñó el destino a subrayar las oblongas perspectivas que los rayos del sol dejan tras la película oleaginosa que contra todo abandonó la lluvia…
Y sabes que ya no te amo como te amaré.
Sabes que la saciedad siempre acecha de par en par vertiéndose espejos adentro…
Y algún día nos cansaremos de que el relámpago incida justo en el seno de nuestra condición de humanos enamorados del vasto poder que despliega la insobornable e inefable Nada.
¡Ora pro nobis!
EL LEGADO DE LAS MORTAMINAS.
¿Quiere ser millonario o cruzar al otro lado del espejo?
Prefiero ser millonario porque después seguro que se trizan a mis pasos los espejos y no habrá en adelante nada que traspasar.
Ni tampoco nadie a quien escrutar de paredes para adentro…
El tiempo a partir de entones se desgranaría según los cánones píos de la viscosidad: arroyos de lava carmesí desembocando contra el fondo negro de mi improductiva desidia.
Del espacio harás el chicle que sin estirar provoca la expansión de las partículas elementales, de aquellos tabucos deshabitados, de las plazas abarrotadas y de los desiertos contradichos por el eco banal de un enano.
Fue finalmente que la cosa se acabó.

EL ACCIDENTE.
The Drifter

“El nihilismo nos ha dado la conciencia de que nosotros, los modernos, estamos sin raíces, que estamos navegando a ciegas en los archipiélagos de la vida, el mundo y la historia.”

EL VIAJE A LILIPUTT DEL SR. ALFA m..
Trenzas, espirales roídas puntas afuera, de un tiempo a esta parte no ves sino cómo se te está cayendo la raíz del pelo…; y sigue el filamento a merced de brisas inodoras, aires hechizados, pajas mentales, vibraciones impulsadas por caricias que jamás se dieron…

GEORG HEYM.
Esparrancado está sobre un bloque de casas.
En torno de su frente unos oscuros vientos se reúnen.
Con rabia mira hacia lo lejos, adonde, en soledad,
las últimas moradas se pierden en el campo.

Rojo le brilla el vientre a Baal en el anochecer.
Arrodilladas a su alrededor las grandes urbes.
El ya elevado número de las campanadas
se alza como ola de un mar de negras torres.

Al igual que la danza de los coribantes, entre el ruido resuena
Por las calles la música de la multitud.
El humo de las chimeneas, las nubes de la fábrica
hacia él suben, azules como un humo de incienso.

Amenaza la tempestad en medio de sus cejas.
La tarde, oscura, deviene sorda noche.
Ondean las borrascas, que, como buitres, desde
sus cabellos contemplan, erizados de ira.

Clava en la oscuridad su puño carnicero.
Lo sacude, y un mar de fuego corre
por la calle. Una humareda hierve.
Y devora la calle, hasta que tarde empieza a amanece
Rojo brilla el vientre de Baal cuando cae el sol fatigado tras la línea geométricamente impura del horizonte.
El vientre no es de Baal, es de una concubina insatisfecha que pretende matar al amante de su amigo.

EL DÍA DEL DESJUICIO.
Como mujeres y mujeres, hay mentiras y patrañas; pero, en la forma y en el fondo, sólo existe un único género femenino.
De joven, estudié bien este asunto en mis interminables ratos de ocio (del que a punto estuve de hacer secuenciado vil negocio). Recuerdo ahora, después de algún tiempo a la sombra, un suceso cotidiano, un simple hecho, casi anecdótico, que confirma en mayor o menor proporción lo recordado.
Estaba este reverendo impío haciendo un viaje en barco alrededor de tu mente, cuando la campana de la torre tañe el son macabro de las doce… Rememoré que a media tarde habías perdido a tu esposo en un naufragio. Durante la primera hora del crepúsculo ya insinuabas tirar la primera cana al aire delante del jornalero rubio de la funeraria. A las once de la noche, digerida ya la escasa cena, nuestros antebrazos se rozaron y uno de los dos emitió el susurro infiel de la víscera a flor de piel…
Estoy seguro que fuiste tú, y eso también te condenará.
¡Lo peligroso de ellas es el instinto, doctor!

Cuita es…

LEÓNIDAS a.
Una noche clara de mayo en la que cantaban los ruiseñores, en el estudio del pope Ignacio penetró su mujer. En su rostro se dibujaba un aire de pena, y la lamparita temblaba en su mano. Se acercó a su marido y, tocándole con la mano, le dijo con lágrimas en los ojos:
EXPLÍCATE.
Qué ve un ser humano a lo largo del día. No ve signos de interrogación o exclamaciones venidas a menos que no enfatizan nada, no, llana y sencillamente contempla celos e iras, sueños y entrañas algo secas, flamas de estilo decadente y paz, a veces…
LÍOS DE ANDAR A LA GRESCA.
Que tú ames al gato de la vecina no me la bufa como ayer creíste recordar.
Que los dos nos conformemos con acotar, regir y profesar religiones animistas no nos conduce a parte alguna decidida a cobijarnos.
Hoy danzas en levitación supina la zarabanda de los deslíos y mañana olvidas perder el tiempo entre mis brazos. ¡Hay que andar siempre tras lo tuyo y prescindir del origen, crees que aislado, de estos sueños mal reliados!
Pero en la punta de aquella glándula que gobierna nuestros destinos, la llama ausente del menosprecio a punto está siempre de apagarse…
Y tú lo obvias con la misma facilidad que se digiere el del buen garañón puesto en cuarentena, o el de la hembra procaz que sustituyó el suspiro por la firme apuesta de la sangre mal mezclada…
Ambos nunca deberíamos habernos topado así, al voleo, al desgaire vil de lo inaudito, porque sí, nutriendo de dicha la elegía infiel de lo impronosticado, cebando la gana letal de lo improductivo, recreando para un patio aún vacío la escena reiterada de lo malsano.
¡Cuánta pasión gritada en balde la de la gata Flora!
HAZME UNA PERDIDA.
Y di sí a todo. Cambie o no la innovación del viento al detenerse o el marchamo que sobre el lomo lleva grabado el purasangre…
Tú, Katty, hazme una pérdida tarde o temprano, o cuando se te ocurra, que deseo llorar de nuevo cerca del hálito deletéreo que tu respiración de torturada deja cuando te despides.
Quiero pasarme de torpe contigo, enfrentarme al peligro menudo de tu desdicha segregando la lindeza cruel del desencanto: te amo, no te amo, te anhelo o no te anhelo, te exasperas o no…
La última noche conseguiste que el día penetrara en cada amago de sueño. Te vas volviendo cada vez más normal, siempre al acecho, buscando huellas que dirijan al porvenir, barruntando tras cada acechanza el triunfo inesperado de la suerte.

ASILO DE ANCIANOS

Todos poseen un límite: cada uno
Tiene un matiz de daño muy distinto. La Élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.

160 IQ*.

Publicado en Uncategorized el Septiembre 18, 2008 por amapolabilis



Las MINIAVENTURAS DE EL SACRISTÁN SHANDY MERODEADO POR LA DESDICHA DE NO CONOCERSE.
EN QUÉ LUGAR, DE QUÉ MODO, CÓMO Y CUÁNDO METEN LA PATA HASTA EL CELULOIDE MÁS RAMPLÓN LAS PELÍCULAS HECHAS A MACHA MARTILLO HOY EN DÍA.
Y POR QUÉ…
Esto viene a ser una suerte desafortunada de investigación acerca de miles de obras de arte que comienzan siendo tal y tardan más bien poco en convertirse en estricta e íntegra y servicial basura; sometidas a normas que dicta una serie de analfabetos que ni han visto cine en su vida ni cuando se sientan delante de una pantalla saben si aquello que fluye es una película o las imágenes de la primera comunión de alguna desconocida sobrina…
1. No puedes concentrarte. Hay algo que emana de la pantalla justo a partir del comienzo que impide prestar atención como es debido. Cada tres segundos piensas en practicar esquí junto a tu novia o en renovar tu identidad (que ya hizo el mes pasado un año que caducó, y aún sigue la desidia haciendo mella en la parte posterior de tu mente…).
2. Las fabrican a mansalva y no consienten ni en pedir disculpas al rociado público de indiferencia y estolidez.
3. a mental disorder marked by affective, interpersonal, and behavioral abnormalities…

PENÉLOPE HILA Y TÚ SIENTES.
El tiempo lo destruye todo: bronquios, bronquiolos, ideas y nubes. Si el tiempo no te ayuda a olvidar, es porque no sabes…
Nunca supiste.
Está tan claro como el agua de la Pila. A ti, honrado ciudadano, lo que te vendría como anillo al dedo es contraer sagrado matrimonio con una de las tres hermanas de Fritz Haarmann, la del medio, cuya fragancia creo que recordaba el armónico de la nota LA dilatándose en el vacío.
Era obsesiva, repulsiva y compulsiva. Cuando se ponía a descender había que alarmar a los bomberos para que trajesen del cielo monzones de lluvia, del océano huracanes de viento…
Y el día que tú dejes de tejer, P., vendrá ella a deshilar lo tramado para que de nuevo, libres, al sol entonemos nuestro delicado gorigori de sílabas acentuadas, gritadas, idas, febriles; a la luna dediquemos ese sueño extraño en el que ambos rodamos ascendiendo la rampa que del abismo conduce a la verdad: esa patraña enmascarada y farisea que a los dos tan poco nos conmueve.
¡Te amo, Elvira Haarmann!

&
SUSPÍRAME.
Sabes que no te he querido nunca como te quiero ahora, desnudo o despierto, hambriento o enmarañado, en paz o trenzado en aras de la guerra, loco o cuerdo, feliz y desdichado. Y tú me amas tanto que los estertores parecen querer decirme “Cásate Conmigo”, aun antes de allegarse la Parca con su sinfín de silencios armonizados hasta la incongruente disonancia en algún tabuco desheredado del mismísimo averno…

TRIS.
Abandonad toda esperanza las que entréis aquí, pues del infierno veréis refulgir ápices de llamas, tubulares formas alargadas os perseguirán con el fin de concebirse, ogros en vilo rugirán vuestros nombres y de su boca un mefítico vaho empañará el espejo de esos aterrados iris, y alguien, en nombre del Tiempo, dejará caer contra vosotras la apestosa condición de Ser Esposas…

*Ella tiene todo ese coeficiente y además se pone liguero cuando la podrida moral de saldo y pacotilla amordaza la boca de otra hembra.
Se llama Charlene Gallego y es esclava de un ego tan mayúsculo que incumple reglas por decreto:
La norma de hablar y decir lo canonizado por credos, programas o indecentes ejecutores intelectuales.
La norma de seguir con la mirada la trivial vuelta de las manecillas del reloj.
La estipulada horizontal que conduce al infierno de la clase media…
La norma en vertical que ascendida te deja otear el horizonte devastado de tu propia indiferencia.
La norma en zigzag del rock que la llevó cogida de la mano a las puertas del altar donde se sacrifican las meras nociones de la razón desatada, su desastre de ojos vivos, la fe y el caótico orden que todo lo almacena en su agenda de días lectivos y sandeces selectivas.
Con ella me enamoré el año pasado y estoy casado desde hace unos días.
Me mata a calambres y yo la doblo hasta reducirla a polvo…
¡FIAT LA LUZ!

LA AVENTURA EQUINOCCIAL DE VERÓNICA AGUIRRE ECHEGUI.

Publicado en Uncategorized el Agosto 30, 2008 por amapolabilis

HEBRAS DE INJUSTO ABSURDO.


PENÉLOPE HILA Y TÚ SIENTES.
El tiempo lo destruye todo: bronquios, bronquiolos, ideas y nubes. Si el tiempo no te ayuda a olvidar, es porque no sabes…
Nunca supiste.
Está tan claro como el agua de la Pila. A ti, honrado ciudadano, lo que te vendría como anillo al dedo es contraer sagrado matrimonio con una de las tres hermanas de Fritz Haarmann, la del medio, cuya fragancia creo que recordaba el armónico de la nota LA dilatándose en el vacío.
Era obsesiva, repulsiva y compulsiva. Cuando se ponía a descender había que alarmar a los bomberos para que trajesen del cielo monzones de lluvia, del océano huracanes de viento…
Y el día que tú dejes de tejer, P., vendrá ella a deshilar lo tramado para que de nuevo, libres, al sol entonemos nuestro delicado gorigori de sílabas acentuadas, gritadas, idas, febriles; a la luna dediquemos ese sueño extraño en el que ambos rodamos ascendiendo la rampa que del abismo conduce a la verdad: esa patraña enmascarada y farisea que a los dos tan poco nos conmueve.
¡Te amo, Elvira Haarmann!

SUSPÍRAME.
Sabes que no te he querido nunca como te quiero ahora, desnudo o despierto, hambriento o enmarañado, en paz o trenzado en aras de la guerra, loco o cuerdo, feliz y desdichado. Y tú me amas tanto que los estertores parecen querer decirme “Cásate Conmigo”, aun antes de allegarse la Parca con su sinfín de silencios armonizados hasta la incongruente disonancia en algún tabuco desheredado del mismísimo averno…

TRIS.
Abandonad toda esperanza las que entréis aquí, pues del infierno veréis refulgir ápices de llamas, tubulares formas alargadas os perseguirán con el fin de concebirse, ogros en vilo rugirán vuestros nombres y de su boca un mefítico vaho empañará el espejo de esos aterrados iris, y alguien, en nombre del Tiempo, dejará caer contra vosotras la apestosa condición de Ser Esposas…

DESECHAS LA ESPERANZA CON EL VALOR QUE TIENE.

El amante de mi madre sufre porque lo quieren demasiado.

THE SAME.
La misma COSA cada día, las mismas avenidas concurridas por personas que al ser oreadas por el viento presienten el fugaz balazo de su muerte tras todas las esquinas, los mismas necias buscando cobijo bajo piedras, como alacranes que ya clavaron su cerda encorvada y guardan el debido respeto al cansancio y la saciedad, el mismo café con sabor a nervios confitados por la severa patraña de la voluntad, la misma madre postrándose ante su hijo mientras éste desvaría frente a ella sin modificar un ápice la adicción del sentimiento a flor de piel, el mismo jueves guiñándote un ojo y emancipándose ya…; alguna noche revelaré los antojos de la rutina bebiéndome mi propia sangre.
¡Contra Qué después arrojar la flema de esperanza que estalle en la Cabeza!

UN RAYO DE SOL.
Who am I?
Where do I come from?
I am Antonin Artaud
and I say this
as I know how to say this
immediatly
you will see my present body
burst into fragments
and remake itself
under ten thousand notorious aspects
a new body
where you will
never
forget me.

No me dejaban. Me tocaban como en un juego de imaginación. Les movía como una potencia. Eran ectoplasmas de jerarcas nazis partidos por el filo en perpetuo movimiento de la esvástica…

Si eres feliz, no eres redondo. Si no eres redondo, podrías vivir feliz como una lenta lombriz que busca alimento en oscuros orificios cavados en la arena por la hembra de un topo que todo lo dejó por descubrirse ante el espejo desnuda…

CHILDHOOD TO SAMUEL B.
If anything, an outdoor type rather than an indoor one. He enjoyed games and was good at them. He roamed by himself as well as with his cousin and brother; and though he often retreated to his tower with a book and was already noticeable in the family circle for a certain moodiness and taciturnity, he could on the whole have passed for an athletic, extrovert little Protestant middle-class boy with excellent manners when forced to be sociable.

BERCEUSE.
Cantaban los niños y cantaban las niñas trepados a ramas de árboles tan enraizados que de las entrañas de la Tierra mamaban hiel desperdiciada a través de los estigmas triangulares causados a demonios heridos de muerte… Se escuchaba la freidora entonar el gorigori que los nuevos dedican a los viejos cuando mueren y reniegan del ancho mundo… Porque la Vida trata de un modo sádico a gente con demasiado talento…

AMOR.
Un poco cansada, con las compras deformando la nueva bolsa de malla, Ana subió al tranvía. Depositó la bolsa sobre las rodillas y el tranvía comenzó a andar. Entonces se recostó en el banco en busca de comodidad, con un suspiro casi de satisfacción. Los hijos de Ana eran buenos, algo verdadero y jugoso. Crecían, se bañaban, exigían, malcriados, por momentos cada vez más completos. La cocina era espaciosa, el fogón estaba descompuesto y hacía explosiones. El calor era fuerte en el departamento que estaban pagando de a poco. Pero el viento golpeando las cortinas que ella misma había cortado recordaba que si quería podía enjugarse la frente, mirando el calmo horizonte. Lo mismo que un labrador. Ella había plantado las simientes que tenía en la mano, no las otras, sino esas mismas. Y los árboles crecían.
Crecía su rápida conversación con el cobrador de la luz, crecía el agua llenando la pileta, crecían sus hijos, crecía la mesa con comidas, el marido llegando con los diarios y sonriendo de hambre, el canto importuno de las sirvientas del edificio. Ana prestaba a todo, tranquilamente, su mano pequeña y fuerte, su corriente de vida. Cierta hora de la tarde era la más peligrosa. A cierta hora de la tarde los árboles que ella había plantado se reían de ella. Cuando ya no precisaba más de su fuerza, se inquietaba. Sin embargo, se sentía más sólida que nunca, su cuerpo había engrosado un poco, y había que ver la forma en que cortaba blusas para los chicos, con la gran tijera restallando sobre el género. Todo su deseo vagamente artístico hacía mucho que se había encaminado a transformar los días bien realizados y hermosos; con el tiempo su gusto por lo decorativo se había desarrollado suplantando su íntimo desorden. Parecía haber descubierto que todo era susceptible de perfeccionamiento, que a cada cosa se prestaría una apariencia armoniosa; la vida podría ser hecha por la mano del hombre.
En el fondo, Ana siempre había tenido necesidad de sentir la raíz firme de las cosas. Y eso le había dado un hogar, sorprendentemente. Por caminos torcidos había venido a caer en un destino de mujer, con la sorpresa de caber en él como si ella lo hubiera inventado. El hombre con el que se había casado era un hombre de verdad, los hijos que habían tenido eran hijos de verdad. Su juventud anterior le parecía tan extraña como una enfermedad de vida. Había surgido de ella muy pronto para descubrir que también sin la felicidad se vivía: aboliéndola, había encontrado una legión de personas, antes invisibles, que vivían como quien trabaja con persistencia, continuidad, alegría. Lo que le había sucedido a Ana antes de tener su hogar ya estaba para siempre fuera de su alcance: era una exaltación perturbada a la que tantas veces había confundido con una insoportable felicidad. A cambio de eso, había creado algo al fin comprensible, una vida de adulto. Así lo había querido ella y así lo había escogido. Su precaución se reducía a cuidarse en la hora peligrosa de la tarde, cuando la casa estaba vacía y sin necesitar ya de ella, el sol alto, y cada miembro de la familia distribuido en sus ocupaciones. Mirando los muebles limpios, su corazón se apretaba un poco con espanto. Pero en su vida no había lugar para sentir ternura por su espanto: ella lo sofocaba con la misma habilidad que le habían transmitido los trabajos de la casa. Entonces salía para hacer las compras o llevar objetos para arreglar, cuidando del hogar y de la familia y en rebeldía con ellos. Cuando volvía ya era el final de la tarde y los niños, de regreso del colegio, le exigían. Así llegaba la noche, con su tranquila vibración. De mañana despertaba aureolada por los tranquilos deberes. Nuevamente encontraba los muebles sucios y llenos de polvo, como si regresaran arrepentidos. En cuanto a ella misma, formaba oscuramente parte de las raíces negras y suaves del mundo. Y alimentaba anónimamente la vida. Y eso estaba bien. Así lo había querido y elegido ella.
El tranvía vacilaba sobre las vías, entraba en calles anchas. Enseguida soplaba un viento más húmedo anunciando, mucho más que el fin de la tarde, el final de la hora inestable. Ana respiró profundamente y una gran aceptación dio a su rostro un aire de mujer.
El tranvía se arrastraba, enseguida se detenía. Hasta la calle Humaitá tenía tiempo de descansar. Fue entonces cuando miró hacia el hombre detenido en la parada. La diferencia entre él y los otros es que él estaba realmente detenido. De pie, sus manos se mantenían extendidas. Era un ciego.
¿Qué otra cosa había hecho que Ana se fijase erizada de desconfianza? Algo inquietante estaba pasando. Entonces lo advirtió: el ciego masticaba chicle… Un hombre ciego masticaba chicle.
Ana todavía tuvo tiempo de pensar por un segundo que los hermanos irían a comer; el corazón le latía con violencia, espaciadamente. Inclinada, miraba al ciego profundamente, como se mira lo que no nos ve. Él masticaba goma en la oscuridad. Sin sufrimiento, con los ojos abiertos. El movimiento, al masticar, lo hacía parecer sonriente y de pronto dejó de sonreír, sonreír y dejar de sonreír -como si él la hubiese insultado, Ana lo miraba. Y quien la viese tendría la impresión de una mujer con odio. Pero continuaba mirándolo, cada vez más inclinada -el tranvía arrancó súbitamente, arrojándola desprevenida hacia atrás y la pesada bolsa de malla rodó de su regazo y cayó en el suelo. Ana dio un grito y el conductor dio la orden de parar antes de saber de qué se trataba; el tranvía se detuvo, los pasajeros miraron asustados. Incapaz de moverse para recoger sus compras, Ana se irguió pálida. Una expresión desde hacía tiempo no usada en el rostro resurgía con dificultad, todavía incierta, incomprensible. El muchacho de los diarios reía entregándole sus paquetes. Pero los huevos se habían quebrado en el paquete de papel de diario. Yemas amarillas y viscosas se pegoteaban entre los hilos de la malla. El ciego había interrumpido su tarea de masticar chicle y extendía las manos inseguras, intentando inútilmente percibir lo que estaba sucediendo. El paquete de los huevos fue arrojado fuera de la bolsa y, entre las sonrisas de los pasajeros y la señal del conductor, el tranvía reinició nuevamente la marcha.
Pocos instantes después ya nadie la miraba. El tranvía se sacudía sobre los rieles y el ciego masticando chicle había quedado atrás para siempre. Pero el mal ya estaba hecho.
La bolsa de malla era áspera entre sus dedos, no íntima como cuando la había tejido. La bolsa había perdido el sentido, y estar en un tranvía era un hilo roto; no sabía qué hacer con las compras en el regazo. Y como una extraña música, el mundo recomenzaba a su alrededor. El mal estaba hecho. ¿Por qué?, ¿acaso se había olvidado de que había ciegos? La piedad la sofocaba, y Ana respiraba con dificultad. Aun las cosas que existían antes de lo sucedido ahora estaban precavidas, tenían un aire hostil, perecedero… El mundo nuevamente se había transformado en un malestar. Varios años se desmoronaban, las yemas amarillas se escurrían. Expulsada de sus propios días, le parecía que las personas en la calle corrían peligro, que se mantenían por un mínimo equilibrio, por azar, en la oscuridad; y por un momento la falta de sentido las dejaba tan libres que ellas no sabían hacia dónde ir. Notar una ausencia de ley fue tan súbito que Ana se agarró al asiento de enfrente, como si se pudiera caer del tranvía, como si las cosas pudieran ser revertidas con la misma calma con que no lo eran. Aquello que ella llamaba crisis había venido, finalmente. Y su marca era el placer intenso con que ahora gozaba de las cosas, sufriendo espantada. El calor se había vuelto menos sofocante, todo había ganado una fuerza y unas voces más altas. En la calle Voluntarios de la Patria parecía que estaba pronta a estallar una revolución. Las rejas de las cloacas estaban secas, el aire cargado de polvo. Un ciego mascando chicle había sumergido al mundo en oscura impaciencia. En cada persona fuerte estaba ausente la piedad por el ciego, y las personas la asustaban con el vigor que poseían. Junto a ella había una señora de azul, ¡con un rostro! Desvió la mirada, rápido. ¡En la acera, una mujer dio un empujón al hijo! Dos novios entrelazaban los dedos sonriendo… ¿Y el ciego? Ana se había deslizado hacia una bondad extremadamente dolorosa.
Ella había calmado tan bien a la vida, había cuidado tanto que no explotara. Mantenía todo en serena comprensión, separaba una persona de las otras, las ropas estaban claramente hechas para ser usadas y se podía elegir por el diario la película de la noche, todo hecho de tal modo que un día sucediera al otro. Y un ciego masticando chicle lo había destrozado todo. A través de la piedad a Ana se le aparecía una vida llena de náusea dulce, hasta la boca.
Solamente entonces percibió que hacía mucho que había pasado la parada para descender. En la debilidad en que estaba, todo la alcanzaba con un susto; descendió del tranvía con piernas débiles, miró a su alrededor, asegurando la bolsa de malla sucia de huevo. Por un momento no consiguió orientarse. Le parecía haber descendido en medio de la noche.
Era una calle larga, con altos muros amarillos. Su corazón latía con miedo, ella buscaba inútilmente reconocer los alrededores, mientras la vida que había descubierto continuaba latiendo y un viento más tibio y más misterioso le rodeaba el rostro. Se quedó parada mirando el muro. Al fin pudo ubicarse. Caminando un poco más a lo largo de la tapia, cruzó los portones del Jardín Botánico.
Caminaba pesadamente por la alameda central, entre los cocoteros. No había nadie en el Jardín. Dejó los paquetes en el suelo, se sentó en un banco de un atajo y allí se quedó por algún tiempo.
La vastedad parecía calmarla, el silencio regulaba su respiración. Ella se adormecía dentro de sí.
De lejos se veía la hilera de árboles donde la tarde era clara y redonda. Pero la penumbra de las ramas cubría el atajo.
A su alrededor se escuchaban ruidos serenos, olor a árboles, pequeñas sorpresas entre los “cipós”. Todo el Jardín era triturado por los instantes ya más apresurados de la tarde. ¿De dónde venía el medio sueño por el cual estaba rodeada? Como por un zumbar de abejas y de aves. Todo era extraño, demasiado suave, demasiado grande. Un movimiento leve e íntimo la sobresaltó: se volvió rápida. Nada parecía haberse movido. Pero en la alameda central estaba inmóvil un poderoso gato. Su pelaje era suave. En una nueva marcha silenciosa, desapareció.
Inquieta, miró en torno. Las ramas se balanceaban, las sombras vacilaban sobre el suelo. Un gorrión escarbaba en la tierra. Y de repente, con malestar, le pareció haber caído en una emboscada. En el Jardín se hacía un trabajo secreto del cual ella comenzaba a apercibirse.
En los árboles las frutas eran negras, dulces como la miel. En el suelo había carozos llenos de orificios, como pequeños cerebros podridos. El banco estaba manchado de jugos violetas. Con suavidad intensa las aguas rumoreaban. En el tronco del árbol se pegaban las lujosas patas de una araña. La crudeza del mundo era tranquila. El asesinato era profundo. Y la muerte no era aquello que pensábamos.
Al mismo tiempo que imaginario, era un mundo para comerlo con los dientes, un mundo de grandes dalias y tulipanes. Los troncos eran recorridos por parásitos con hojas, y el abrazo era suave, apretado. Como el rechazo que precedía a una entrega, era fascinante, la mujer sentía asco, y a la vez era fascinada.
Los árboles estaban cargados, el mundo era tan rico que se pudría. Cuando Ana pensó que había niños y hombres grandes con hambre, la náusea le subió a la garganta, como si ella estuviera grávida y abandonada. La moral del Jardín era otra. Ahora que el ciego la había guiado hasta él, se estremecía en los primeros pasos de un mundo brillante, sombrío, donde las victorias-regias flotaban, monstruosas. Las pequeñas flores esparcidas sobre el césped no le parecían amarillas o rosadas, sino del color de un mal oro y escarlatas. La descomposición era profunda, perfumada… Pero todas las pesadas cosas eran vistas por ella con la cabeza rodeada de un enjambre de insectos, enviados por la vida más delicada del mundo. La brisa se insinuaba entre las flores. Ana, más adivinaba que sentía su olor dulzón… El Jardín era tan bonito que ella tuvo miedo del Infierno.
Ahora era casi noche y todo parecía lleno, pesado, un esquilo* pareció volar con la sombra. Bajo los pies la tierra estaba fofa, Ana la aspiraba con delicia. Era fascinante, y ella se sentía mareada.
Pero cuando recordó a los niños, frente a los cuales se había vuelto culpable, se irguió con una exclamación de dolor. Tomó el paquete, avanzó por el atajo oscuro y alcanzó la alameda. Casi corría, y veía el Jardín en torno de ella, con su soberbia impersonalidad. Sacudió los portones cerrados, los sacudía apretando la madera áspera. El cuidador apareció asustado por no haberla visto.
Hasta que no llegó a la puerta del edificio, había parecido estar al borde del desastre. Corrió con la bolsa hasta el ascensor, su alma golpeaba en el pecho: ¿qué sucedía? La piedad por el ciego era muy violenta, como una ansiedad, pero el mundo le parecía suyo, sucio, perecedero, suyo. Abrió la puerta de la casa. La sala era grande, cuadrada, los picaportes brillaban limpios, los vidrios de las ventanas brillaban, la lámpara brillaba: ¿qué nueva tierra era ésa? Y por un instante la vida sana que hasta entonces llevara le pareció una manera moralmente loca de vivir. El niño que se acercó corriendo era un ser de piernas largas y rostro igual al suyo, que corría y la abrazaba. Lo apretó con fuerza, con espanto. Se protegía trémula. Porque la vida era peligrosa. Ella amaba el mundo, amaba cuanto había sido creado, amaba con repugnancia. Del mismo modo en que siempre había sido fascinada por las ostras, con aquel vago sentimiento de asco que la proximidad de la verdad le provocaba, avisándola. Abrazó al hijo casi hasta el punto de estrujarlo. Como si supiera de un mal -¿el ciego o el hermoso Jardín Botánico?- se prendía a él, a quien quería por encima de todo. Había sido alcanzada por el demonio de la fe. La vida es horrible, dijo muy bajo, hambrienta. ¿Qué haría en caso de seguir el llamado del ciego? Iría sola… Había lugares pobres y ricos que necesitaban de ella. Ella precisaba de ellos…
-Tengo miedo -dijo. Sentía las costillas delicadas de la criatura entre los brazos, escuchó su llanto asustado.
-Mamá -exclamó el niño. Lo alejó de sí, miró aquel rostro, su corazón se crispó.
-No dejes que mamá te olvide -le dijo.
El niño, apenas sintió que el abrazo se aflojaba, escapó y corrió hasta la puerta de la habitación, de donde la miró más seguro. Era la peor mirada que jamás había recibido. La sangre le subió al rostro, afiebrándolo.
Se dejó caer en una silla, con los dedos todavía presos en la bolsa de malla. ¿De qué tenía vergüenza?
No había cómo huir. Los días que ella había forjado se habían roto en la costra y el agua se escapaba. Estaba delante de la ostra. Y no sabía cómo mirarla. ¿De qué tenía vergüenza? Porque ya no se trataba de piedad, no era solamente piedad: su corazón se había llenado con el peor deseo de vivir.
Ya no sabía si estaba del otro lado del ciego o de las espesas plantas. El hombre poco a poco se había distanciado, y torturada, ella parecía haber pasado para el lado de los que le habían herido los ojos. El Jardín Botánico, tranquilo y alto, la revelaba. Con horror descubría que ella pertenecía a la parte fuerte del mundo -¿y qué nombre se debería dar a su misericordia violenta? Sería obligada a besar al leproso, pues nunca sería solamente su hermana. Un ciego me llevó hasta lo peor de mí misma, pensó asustada. Sentíase expulsada porque ningún pobre bebería agua en sus manos ardientes. ¡Ah!, ¡era más fácil ser un santo que una persona! Por Dios, ¿no había sido verdadera la piedad que sondeara en su corazón las aguas más profundas? Pero era una piedad de león.
Humillada, sabía que el ciego preferiría un amor más pobre. Y, estremeciéndose, también sabía por qué. La vida del Jardín Botánico la llamaba como el lobo es llamado por la luna. ¡Oh, pero ella amaba al ciego!, pensó con los ojos humedecidos. Sin embargo, no era con ese sentimiento con el que se va a la iglesia. Estoy con miedo, se dijo, sola en la sala. Se levantó y fue a la cocina para ayudar a la sirvienta a preparar la cena.
Pero la vida la estremecía, como un frío. Oía la campana de la escuela, lejana y constante. El pequeño horror del polvo ligando en hilos la parte inferior del fogón, donde descubrió la pequeña araña. Llevando el florero para cambiar el agua -estaba el horror de la flor entregándose lánguida y asquerosa a sus manos. El mismo trabajo secreto se hacía allí en la cocina. Cerca de la lata de basura, aplastó con el pie a una hormiga. El pequeño asesinato de la hormiga. El pequeño cuerpo temblaba. Las gotas de agua caían en el agua inmóvil de la pileta. Los abejorros de verano. El horror de los abejorros inexpresivos. Horror, horror. Caminaba de un lado para otro en la cocina, cortando los bifes, batiendo la crema. En torno a su cabeza, en una ronda, en torno de la luz, los mosquitos de una noche cálida. Una noche en que la piedad era tan cruda como el mal amor. Entre los dos senos corría el sudor. La fe se quebrantaba, el calor del horno ardía en sus ojos.
Después vino el marido, vinieron los hermanos y sus mujeres, vinieron los hijos de los hermanos.
Comieron con las ventanas todas abiertas, en el noveno piso. Un avión estremecía, amenazando en el calor del cielo. A pesar de haber usado pocos huevos, la comida estaba buena. También sus chicos se quedaron despiertos, jugando en la alfombra con los otros. Era verano, sería inútil obligarlos a ir a dormir. Ana estaba un poco pálida y reía suavemente con los otros.
Finalmente, después de la comida, la primera brisa más fresca entró por las ventanas. Ellos rodeaban la mesa, ellos, la familia. Cansados del día, felices al no disentir, bien dispuestos a no ver defectos. Se reían de todo, con el corazón bondadoso y humano. Los chicos crecían admirablemente alrededor de ellos. Y como a una mariposa, Ana sujetó el instante entre los dedos antes que desapareciera para siempre.
Después, cuando todos se fueron y los chicos estaban acostados, ella era una mujer inerte que miraba por la ventana. La ciudad estaba adormecida y caliente. Y lo que el ciego había desencadenado, ¿cabría en sus días? ¿Cuántos años le llevaría envejecer de nuevo? Cualquier movimiento de ella, y pisaría a uno de los chicos. Pero con una maldad de amante, parecía aceptar que de la flor saliera el mosquito, que las victorias-regias flotasen en la oscuridad del lago. El ciego pendía entre los frutos del Jardín Botánico.
¡Si ella fuera un abejorro del fogón, el fuego ya habría abrasado toda la casa!, pensó corriendo hacia la cocina y tropezando con su marido frente al café derramado.
-¿Qué fue? -gritó vibrando toda.
Él se asustó por el miedo de la mujer. Y de repente rió, entendiendo:
-No fue nada -dijo-, soy un descuidado -parecía cansado, con ojeras.
Pero ante el extraño rostro de Ana, la observó con mayor atención. Después la atrajo hacia sí, en rápida caricia.
-¡No quiero que te suceda nada, nunca! -dijo ella.
-Deja que por lo menos me suceda que el fogón explote -respondió él sonriendo. Ella continuó sin fuerzas en sus brazos.
Ese día, en la tarde, algo tranquilo había estallado, y en toda la casa había un clima humorístico, triste.
-Es hora de dormir -dijo él-, es tarde.
En un gesto que no era de él, pero que le pareció natural, tomó la mano de la mujer, llevándola consigo sin mirar para atrás, alejándola del peligro de vivir. Había terminado el vértigo de la bondad.
Había atravesado el amor y su infierno; ahora peinábase delante del espejo, por un momento sin ningún mundo en el corazón. Antes de acostarse, como si apagara una vela, sopló la pequeña llama del día.
FIN

El sueño es como un cuadro, pero hay que cuidarse de desmembrarlo de acuerdo a un sistema moral ó psicológico para encontrarle una interpretación: es preferible permitirle al espectador que subsista en su genuina pureza simbólica porque la visión visible y creadora es más fuerte y fecunda que su prolijo análisis.
AUTOLIFEGRAFÍA.
El padre de mi padre fue Constructor. De ánimo extrovertido, palabra aderezada y canto firmus…
Llegó a poner una de las últimas piedras que alzaron la Torre de Beatrizbel en honor de los hombres y contra la irreversible desidia de dioses ensimismados y demonios reprimidos.
Mi padre brotó de una ostra que dejó la marea encima de un montículo de arena arañado por cangrejas en celo.

Yo soy un perfectamente normalizado chaval que domina tres idiomas y casi ninguna lengua y que nació junto a una familia dada al tortuoso vicio del trabajo, a la cabal sensación del adormilamiento y al poderoso influjo de desastrosos astros aún ilusionados.
A mí también me complace coleccionar mariposas, cuanto más oscuras más contento me pongo al introducirlas el alfiler en la porción de lobanillo que a todas ellas sobra por insuficiencia de jugosidades de cilantro.
Me agrada como al veloz ciclobrilo del Nabokov.
Que reponía de noche paquetes de galletas y por el día envidiaba a ricos, a pobres, a caballeros andantes y a propietarias de Grietas Baratarias a través de las cuales lo mismo surtía un chorro de lava incandescente que el toisón de oro.